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De Ana Frank a las Redes Sociales…

Actualizado: 18 de jun de 2020


¿Cuánto conocemos a nuestros adolescentes? ¿La tecnología nos acerca a nos aleja de ellos?


Durante una visita reciente a la casa donde se escondió Ana Frank en Ámsterdam durante la Segunda Guerra Mundial, escuche con interés una entrevista que le hicieran a su padre con motivo de la publicación del diario de su hija. En esta entrevista, el Sr. Frank comentaba con tristeza que el diario de su hija adolescente le había permitido darse cuenta de lo poco que conocía los sentimientos de su hija a pesar de la cercanía física en la que vivían.


Para muchos, el diario de esta joven ha sido material de lectura obligatorio durante la educación secundaria. Quizás, más de un adolescente pueda recordar haberse visto reflejado en los comentarios de Ana.


Después de mi visita, comencé a imaginar cómo hubiera sido la vida de una adolescente escondida en un ático en pleno siglo 21. ¿Qué hubiera sucedido con su diario? Tal vez sería parte de un contenido de Instagram o quizás estaría publicado en un muro de Facebook. Lo que posiblemente no sería diferente es el poco conocimiento del padre sobre el contenido del diario y los sentimientos de su hija reflejados en éste.


Nuestros niños y adolescentes, muchas veces hacen uso indiscriminado de las redes sociales para hacer pública su vida sentimental. Es común encontrar mensajes en Facebook, Chats o Instagram relacionados con su estado de ánimo. Así, frases como Pedro está enamorado o Luisa se encuentra en una relación complicada, se pueden leer a diario con tan solo con tener acceso a internet.


Las redes sociales ofrecen un “portal público” y en ocasiones “anónimo” donde los niños exponen sus sentimientos a extraños. Estas redes, son testigo de las tribulaciones y el acontecer cotidiano de nuestros hijos. Sin embargo, los padres, aunque cercanos físicamente, parecen tener poco acceso o conocimiento de esto.


En consulta, a menudo los padres me preguntan qué hacer con las redes sociales. Algunos, las prohíben o bloquean ciertas páginas. Los adolescentes, muchas veces niegan el acceso de sus padres a su perfil. Al igual que el padre de Ana Frank, tenemos poco conocimiento de sus sentimientos, la diferencia en este caso es que los extraños parecen tener acceso ilimitado.


Si bien debemos respetar la intimidad de nuestros adolescentes, no debemos sentir temor de “inmiscuirnos” en sus asuntos, especialmente cuando se trata de su desarrollo socio-emocional.


Para lograr un acercamiento sano a las redes y a la exposición pública, es necesario establecer ciertas regulaciones en conjunto con nuestros niños y adolescentes, permitiendo de alguna manera que ellos marquen la pauta dentro de unas normas claras. Además de las regulaciones, es importante abrir un espacio cotidiano para conversar con ellos y conocer sus preocupaciones, actividades, amigos y vida sentimental, entre otros. Al menos veinte minutos de dedicación exclusiva (sin celulares, computadoras o tabletas por delante) son más efectivos que una hora interrumpida por llamadas, Netflix, cadenas, chats, etc.


Otras ideas que pudieran resultar de utilidad para los padres son:

  • Establecer, en conjunto con sus hijos, un bloque determinado de tiempo (por ejemplo, de 5 a 7 pm) del día para usarlas. Este tiempo no debe corresponder con todas las horas libres de los muchachos, sino ser parte de las actividades recreativas tales como: ver su programa favorito, ir a casa de un amigo o visitar el club.

  • Si los niños son menores a 18 años, es importante implementar como condición que tengan a mamá o papá como amigo en su Facebook, Snapchat, Instagram, etc.

  • Explique las consecuencias de publicar mensajes o fotos poco apropiadas o muy reveladoras para el futuro inmediato y no tan inmediato. Recuérdeles que las compañías buscan los perfiles de Facebook cuando las personas aplican para un trabajo.

  • Hable con otros adolescentes en la familia (primos, ahijados, etc.) y apóyese en ellos para monitorear el contenido de las páginas de sus hijos. Igualmente, si su hijo no “lo acepta como amigo” del Facebook o Instagram, por ejemplo, recurra a familiares cercanos, amigos de confianza o padrinos para que lo ayuden a monitorear su actividad.

  • Ponga una pizarra en la nevera o cuarto, parecida al muro de Facebook e invite a sus hijos a compartir ideas, opiniones, comentarios, chistes o sentimientos en esta.

  • No permita que se acuesten con el celular, computadora o la tableta prendida. Establezca un lugar de la casa donde dejar los “electrónicos” a la hora de ir a la cama. Si puede haga usted lo mismo.

  • Valore los sentimientos de sus hijos. No trate de interpretarlos a la luz de los suyos. Si no entiende alguna reacción, bríndeles la oportunidad de explicarse sin hacer comentarios sarcásticos o chistosos.

  • Solicite asistencia de sus hijos para usar las redes sociales. Pídales que le expliquen cómo usarlas así como también las normas de etiqueta y el significado de frases o emoticones.

  • Sea usted el ejemplo. Marque la pauta en el uso de las redes y no se haga eco del refrán “has lo que te digo mas no lo que yo hago”. En la medida de lo posible modele “conductas sanas” al hacer uso del Facebook, Chats, etc.

Autor: Sandra Perel

Egresada de la Universidad Católica Andrés Bello como licenciada en psicología. Postgrado en Educación Especial Bilingüe de la Universidad de Boston. Especialista en evaluaciones e intervenciones Psico-educativas de niños y adolescentes hispano parlantes y anglo parlantes. Un híbrido entre psicólogo y educador que en los últimos años se ha dedicado a la formación de padres y docentes como principales aliados en el manejo de niños con desviaciones del neurodesarrollo. Más recientemente trabaja como psicólogo en línea en orientación a padres, evaluaciones a niños y orientación vocacional de adolescentes y adultos jóvenes tanto en español como en inglés.


sandraperel@yahoo.com

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