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¿Qué hay detrás de la etiqueta de Déficit de Atención?


Etiquetar a un niño con la palabra Déficit de Atención (DA), puede resultar algo reduccionista, sobre todo cuando se trata de explicar qué es la atención y que significa tener un déficit en esta área.


Cuando hablamos de un déficit de azúcar o un déficit de crecimiento, quizás es más fácil poder entenderlos y ubicarlos. Términos como diabetes o problemas de crecimiento han sido empleados desde principios del siglo pasado (aunque para algunos de nosotros un déficit de azúcar puede ser una “baja de chocolate” en la sangre).


Pero, al hablar de un Déficit de Atención existe mucha menos información y acuerdo. Es un término menos conocido y cuya data es reciente. La confusión no sólo es para los padres, sino también para los docentes y otras personas vinculadas al trato diario con un niño, joven, adulto categorizado o clasificado como “deficitario de atención”.


Se puede ser despistado, soñador, desordenado, impulsivo, distraído, lento, perdido, talentoso o creativo sin tener un déficit de atención. Para poder hacer un diagnóstico acertado se usan: pruebas estandarizadas; evaluaciones psicológicas y neurológicas; observaciones en aula y un sin fin de alternativas.


Existen además cuatro elementos importantes a la hora de entender el déficit de atención, a saber: la atención dividida, la flexibilidad de pensamiento, la distractibilidad y la memoria de trabajo.


Tener un DA puede implicar presentar fallas para manejar la atención dividida, esto quiere decir que no podemos prestar atención a dos cosas al mismo tiempo. En consecuencia, necesitamos hacer una sola a la vez, como por ejemplo las tareas o nuestro trabajo. Para ello se deben evitar distracciones como la televisión o el teléfono inteligente (¿fácil verdad?) cuando se está ejecutando una actividad que requiere de nuestra atención.


Otra parte del DA se relaciona con la flexibilidad de pensamiento. Al ser rígidos o tercos en el uso de estrategias de aprendizaje, forma de trabajo o simplemente para aceptar sugerencias, es muy probable que nuestra atención sea frágil y dependa de cuánto la tarea se asemeja a lo que sabemos, conocemos y podemos hacer de una sola manera.


La distractibilidad es otro componente del déficit de atención. Esta puede apreciarse por el grado en cómo estímulos insignificantes de nuestro entorno, nos llevan a interrumpir la actividad que estamos realizando. Un cambio de aroma, un sonido lejano de una ambulancia o un simplemente una variación de temperatura en el área de trabajo, son estímulos capaces de distraer a los niños cuyo déficit de atención se encuentra relacionado con este componente.


La memoria de trabajo, concepto primordial en el continuo de la atención y quizás el más importante, se refiere a la capacidad de darse cuenta si uno “está haciendo lo que le dijeron que hiciera”. A pesar de que suena como un trabalenguas, está función es la encargada de facilitar el proceso de auto-gerenciarse y tener habilidades para anticipar, planificar y mantenerse en tarea el tiempo que ésta exija para así poder concluirla en forma exitosa.


Esta información es sólo un pequeño abreboca para entender un tema tan complejo como las fallas de atención. Manténganse conectados con nosotros para conocer más de cerca el Déficit de Atención.


Autor: Sandra Perel

Egresada de la Universidad Católica Andrés Bello como licenciada en psicología. Postgrado en Educación Especial Bilingüe de la Universidad de Boston. Especialista en evaluaciones e intervenciones Psico-educativas de niños y adolescentes hispano parlantes y anglo parlantes. Un híbrido entre psicólogo y educador que en los últimos años se ha dedicado a la formación de padres y docentes como principales aliados en el manejo de niños con desviaciones del neurodesarrollo. Más recientemente trabaja como psicólogo en línea en orientación a padres, evaluaciones a niños y orientación vocacional de adolescentes y adultos jóvenes tanto en español como en inglés.


sandraperel@yahoo.com

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